LA PEQUEÑA DIFERENCIA ENTRE EL HOMBRE DE NEGOCIOS Y EL EMPRESARIO

Hace unos meses atendía una clase en el Centro Panamericano de Humanidades, impartida por un profesor de ascendencia vasca y alemana (de Hamburgo para ser exactos) ya se imaginaran el temperamento y la fuerza que imprimía a cada una de sus palabras. Dijo entre muchas cosas interesantes que: «No es lo mismo ser hombre de negocios que empresario, el hombre de negocios sólo es el y su mundo, sólo busca dinero; el empresario busca la trascendencia, transforma su entorno y además genera riqueza


Gracias a Dios he crecido con el ejemplo de mis padres, en especial de mi papá al ser todo un empresario, crecí con el chip del emprendedor pero responsable y a eso aspiro, a transformar nuestro entorno. Lamentablemente, en estos momentos, en Monterrey carecemos de empresarios, a muchos sólo les importa hacer dinero porque ahí encuentran lo que llaman «éxito».

Hace unos días llegó al Car Wash un joven hombre de negocios(treinta y pocos años). Quería un lavado de interiores, que según él estaría listo hasta dos días después, tenía una teoría curiosa acerca del secado del carro como muchos otros clientes, en fin eso no es lo relevante. Fue el viernes en que diluvió y media ciudad se inundó. Nos pidió que si le podíamos dar «ride» a su oficina que estaba relativamente cerca, y claro que accedimos a llevarlo.

Me gusta dejar a las personas hablar, escucharlas, aprender de ellas, a ver qué traen en la cabeza y en el corazón. Además uno tiene poca vida que contar aún, después nos tocará hablar de esto y de lo otro. Empezó hablando que tenía un negocio de polímeros que estaba en 17 ciudades, 62 países, y que la sede estaba en Nueva York, que él era el «dueño» y/o accionista mayoritario en México. Le felicité y le dije que, qué gran responsabilidad tenía y él sólo hizo una mueca de «me da igual».

Después vino la parte interesante y penosa, decía que el carro que nos había dejado era de uno de sus choferes y que había remplazado unos carros por puros «Atos», para ahorrarse una buena cantidad de dinero en traslados, claro esto lo entiendo. Acto seguido dijo que el no traía sus carros porque se «rayaban» con los cepillos, le expliqué el por qué no rayaban los carros y dijo: «Finalmente me da igual porque mis carros de 1 millón y medio de pesos, sólo me los lava mi chofer no dejo que nadie más los toque.» Lo decía con una naturalidad tremenda que no se podía dudar de que fuera verdad.

Al despedirme le desee mucha suerte a lo que el respondió: «a seguir haciendo dinero que es lo que importa.» Claro que esto no me deprime ni me mueve el tapete en lo más mínimo en cuanto a mi visión de la vocación que tiene una empresa.

Estoy leyendo «Delivering Happiness» de Tony Hsieh, fundador de Zappos, se los recomiendo ampliamente. El buen Tony no sólo fundo Zappos, después de graduarse de Harvard y haber pasado por Oracle, creó LinkExchange, que lo vendió por 265 millones de dólares a Microsoft, nada mal para un chaval de 24 años. Antes de Microsoft le habían ofrecido a los 5 meses de crear LinkExchange 2 millones de dólares, y al poco tiempo le ofreció Yahoo 20 millones. Así que hizo una lista de lo que podía comprar con ese dinero (un LOFT en San Francisco, un carro de lujo, mega pantallas, viajes a donde quisiera) y esa misma tarde pensó que eso ya se lo podía comprar, pero que eso podría esperar para mucho más tarde, no le hacía falta y ni le hacía ilusión. El era feliz con su Acura Integra.

Después de la venta de LinkExchange a Microsoft, la gente le preguntaba por qué no se compraba un gran coche de lujo, por qué no dejaba de trabajar, a lo que contestó:

«I thought about how easily we are all brainwashed by our society and culture to stop thinking and just assume by default that more money equals more success and more happiness, when ultimately happiness is really just about enjoying life.» 

Actualmente Tony Hsieh está invirtiendo voluntariamente, y si ninguna contraprestación a revitalizar el centro de Las Vegas (Downtown Project), a cambiarle un poco la cara, para que no sólo sea una ciudad de juegos y descontrol, y así dar algo a la comunidad.

Volteo a ver aquél hombre de negocios que nos visitó, y de verdad me da un poco de lástima. Y es que el verdadero éxito es llegar a ser plenos, y compartir esa plenitud a los demás, a nuestro entorno. A desarrollarnos íntegramente, un trabajo en el que nos haga pensar, que nos permita crear sin límites, y que podamos transformar a nuestra comunidad, eso es éxito tanto para una persona como para una empresa. Y además poder vivir de ello.

Es fácil ser hombre de negocios, lo difícil es llegar a ser un empresario. Habrá muchos hombres de negocios pero estos no son relevantes, no pasarán a la historia. Aquí en México tenemos al hombre de negocios más grande, que ni merece la pena decir su nombre porque no inspira.

Hoy más que nunca tenemos tantas herramientas pero que nos podemos perder en lo superficial, en lo aparente, y en la falta de desarrollo de capacidades. Hoy más que nunca tantas personas buscan ser plenas, un empleo en el que se sientan comprendidos y que puedan desarrollarse. Ya estamos en eso y más adelante les contaré qué estamos haciendo, no se lo pierdan.

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