I. CIUDADES-ESTADO: LA AUTONOMÍA NECESARIA

Cuando llegué a España me preguntaba: ¿cómo podría haber tanto regionalismo? Luego fui a otras ciudades de Europa y me di cuenta que no sólo era España sino que también en Italia, en Francia (un poquito menos pero sí) y en Alemania.



En Italia, desde luego que un romano no podría comparársele con un milanés ni estos se podían comparar con un florentino ni mucho menos con ningún napolitano. Cada uno con su historia, con su temperamento, con su Cultura, con su Arquitectura y con sus costumbres. Eso sí muy diferentes pero muy italianos, ni qué decir de Alemania cada región hasta con su tipo de alemán o dialecto pero muy alemanes por supuesto. Algunos españoles me dirán: «¡Tío, en España es diferente!«. Probablemente, en su tiempo escribí sobre estas tres Comunidades Autónomas: Bizkaia, Asturias Catalunya conocen mi opinión sobre su regionalismo. E igual cada región es muy distinta.  Pero parece que tal regionalismo funciona, claro sin llegar a extremos. Parece que esas cada región no sólo tienen vida propia, tiene una personalidad que arrastra y les hace crecer en todos los niveles.


Algunos piensan o temen la autonomía de las ciudades. En nuestro país tristemente esto se acentúa. Tenemos un país que pese a que se denominan a las Entidades Federativas como libres y soberanas en la práctica es un país muy centralista. La verdad esto es tan poco práctico en un país que es enorme.


La analogía con la Empresas

Si una empresa grande tratara de controlar cada pequeña cosa. ¿Qué pasaría o pasa? Sus empleados seguramente se sentirían asfixiados, pidiendo a gritos autonomía, queriendo crecer, queriendo que confíen en ellos. Lo mismo pasaría (o pasa) con los ciudadanos en sus Estados.


¿Qué pasaría si tuvieran más autonomía las ciudades/Estados?

Al igual que las personas en una empresa, las Ciudades-Estado (ergo sus ciudadanos) tendría estos efectos:

1) Se sentirían valoradas porque se les toma en cuenta, se les reconoce su aportación y se les hace ver que son importantes.

2) Aumentaría la confianza esto es que se sentirían capaces de hacer cosas por sí mismas. Quizás hasta cosas que ni ellas mismas se imaginaban que fueran capaces de hacer.

3) Serían más productivas cuando no se tienen que consultar todas las decisiones, hasta para cortar la hierba, y se puede actuar con agilidad, sin burocracia, aquello se vuelve productivo. Sin que haya alguien que los presione y controle cada pequeño detalle.

4) Tendrían sentido de pertenencia (quizás uno de los efectos más importantes). Una ciudad que la dejan ser y que construye su ciudad hace sentirse identificado, orgulloso porque le ha costado. Cada sitio construido le recordaría a las personas involucradas. Cada sitio tendría su historia propia.

5) Sería una ciudad activa y creativa. Si se invita a hacer, si se tiene apertura, se fomenta la participación. Se empezaría a tener un mind-set creativo, a buscar nuevas soluciones, nuevos servicios para la sociedad. Porque la integración no depende de los programas que hacen sino de los programas que nos dejan hacer, porque de hecho sabemos como hacerlo.

¿No queremos una sociedad así o qué nuestras organizaciones sean así?

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